La primera vez que vi a NG fue en La Habana, hace cinco años.
En los cinco años que han pasado desde entonces, han hecho giras consecutivas por Japón, así que se han convertido en la banda de salsa contemporánea cubana más famosa. Pero ellos detestan que los llamen banda de salsa. Y aun así no hay realmente otra buena manera de decirlo, así que al final acaban clasificados en géneros como latin funk o latin fusion, que tampoco encajan del todo. Las ocho canciones reunidas en este recopilatorio fueron todas grabadas bajo mi producción, y las sesiones de grabación se han convertido ya en leyenda entre la gente que estuvo allí.
Por ejemplo, en una grabación de “nueve canciones en total, duración 62 minutos,” el primer día metieron la sección rítmica — piano, batería, conga, bongó y bajo; el segundo día superpusieron los ensembles de la sección de vientos y los solos; el tercer día añadieron el coro; el cuarto día metieron las voces; y los dos días restantes los dedicaron a la mezcla — haciendo un CD en seis días. Por supuesto, más rápido no es necesariamente mejor. Pero si no fueran buenos, no podrían ir tan rápido.
“Es tan bueno que ni siquiera hace falta ser tan bueno” — eso fue lo que dijo Ryuichi Sakamoto.
¿Cómo pueden ser tan buenos? — le pregunté una vez a un cubano.
“Practicamos.”
Eso fue lo que respondieron.
Es cierto, la cantidad de práctica que hacen no es ninguna broma. Al final, creo que su seriedad respecto a la música está, simplemente, en otro nivel.
La NG de ahora ha pasado por sucesivos cambios de miembros, y, francamente, no está en su mejor estado. La rotación generacional en el mundo musical cubano también es intensa. Este álbum recopilatorio, en ese sentido también, se ha convertido, me enorgullece decirlo, en lo mejor de la época de máximo esplendor de NG La Banda.
Ryu Murakami
